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El movimiento como pieza fundamental para la calidad de vida

El movimiento como pieza fundamental para la calidad de vida

David Cruz Díaz. Doctor en Fisioterapia. Vicedecano del Grado de Fisioterapia de la Universidad de Jaén.

La fuente de la juventud como símbolo de longevidad e inmortalidad ha sido codiciada por el ser humano desde tiempos remotos. De este modo, encontramos las primeras referencias a este ansiado anhelo de inmortalidad en los escritos de Historias de Herédoto en el siglo IV a.c. Otros personajes históricos como Alejandro Magno o el Español Ponce De León, también trataron de hallar sin éxito esta milagrosa fuente que proporcionaría juventud eterna a aquel que pudiera disfrutar de ella.

En una perspectiva diametralmente opuesta a la anterior, la medicina ha conseguido gracias a los últimos avances técnicos aumentar la esperanza de vida del ser humano. Sin embargo, la búsqueda de la eterna juventud sigue estando en la mente de muchos pacientes que son consumidores de cirugía estética y de alta cosmética con el objetivo de paliar los efectos del paso del tiempo. Esta apariencia rejuvenecida y la mayor esperanza de vida, no siempre se asocian a una mejora real de la calidad de vida. Una de las frases que me gusta transmitirles a mi alumnado de Fisioterapia de la Universidad de Jaén, es que nuestra profesión se encarga de darle vida a los años. Esta frase acuñada por el gran Antonio Gala, no podría estar más de moda en la actualidad, y según nos muestra la evidencia científica se encuentra al alcance de nuestra mano. La fuente de la juventud no es otra que el ejercicio físico y el movimiento.

Cada vez son más las patologías relacionadas con el sedentarismo y los malos hábitos de vida como es el caso de, diabetes, obesidad infantil, enfermedades coronarias, etc. El frenético ritmo de vida impuesto muchas veces por la competitividad excesiva de un entorno laboral en el que sólo prima la productividad, es responsable en muchas ocasiones, pero no es menos cierto que en mayor o menor grado nosotros somos sus cómplices. Para poner un ejemplo de lo anterior, pongamos un ejemplo de una patología muy común en nuestras consultas de fisioterapia debido a su gran incidencia entre la población, el dolor de espalda. El abordaje más clásico de la fisioterapia y de la medicina, consistía (lo pongo en pasado aunque muy a mi pesar se sigue viendo con muchísima frecuencia en la actualidad) en mitigar el dolor del paciente con técnicas analgésicas. Evidentemente, la mejora del dolor es y será siempre uno de nuestros principales objetivos terapéuticos debido a la incapacidad asociada que provoca. No obstante, el problema viene cuando le explicamos al paciente que en fisioterapia “el tumbarse en la camilla” ya no vale y que el nuevo paradigma de intervención se basa en un modelo biopsicosocial. Muchos pacientes son conscientes de que llevan años acudiendo sistemáticamente a su fisioterapeuta o médico con algunos episodios de mejora pero sin solucionar el problema con constantes recidivas. La razón, muy sencilla, no se está atajando el problema de base. Otro ejemplo que me gusta ponerle a mi alumnado de Fisioterapia es que si ven una gotera que opción elegirían 1) reparar las tejas del tejado para que el agua no se filtre o 2) poner un cubo de agua en el salón para recoger el agua filtrada. La respuesta en el tejado parece muy evidente, pero cuando lo extrapolamos al caso anterior y vemos a profesionales sanitarios citando a este paciente con dolor lumbar cada 15 días, estamos ante la opción del cubo. La solución no es sencilla, pues como hemos dicho el enfoque se basa en el modelo biopsicosocial en el que es necesario actuar sobre todos los factores predisponentes para alcanzar una evolución satisfactoria. Sin embargo, lo que la evidencia científica pone de manifiesto es que para esta y otras patologías del aparato locomotor, la actividad física y el movimiento son las herramientas más eficaces.

He tenido la fortuna de coincidir con grandes investigadores referentes en este tema como el Australiano Paul W. Hodges, cuyos resultados de investigación ahorrarían muchísimo dinero a la sanidad pública y sobre todo mejoraría la calidad de vida de nuestros pacientes. En una sala de rehabilitación debe haber camillas evidentemente, pero también debe haber una buena instalación con material para la práctica de ejercicio. De lo contrario, es cómo si preparamos una tarta estupenda y al final no la metemos en el horno. Queridas lectoras y lectores, os animo a que promováis el movimiento como forma de vida saludable y si alguno sique empeñado en buscar la fuente de la juventud, al menos que lo haga en bicicleta o a pie.

 

2018-04-16T13:54:46+02:0016 abril 2018|Salud|Sin comentarios

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